domingo, 19 de junio de 2011

Leyenda 1

Admiramos el arte cuando parece estar hecho por los dioses. Cuando parece hecho por cualquiera simplemente decimos que no lo entendemos.

viernes, 15 de abril de 2011

El arte invisible


Casi hemos olvidado la obra como creación. El arte ha pasado a ser un concepto, un proyecto, casi una opción. Quizás siempre hubo algo de eso en el arte, pero no era desde luego el único fundamento de la obra. De muchas obras incuestionables en la historia del arte no tenemos hoy el concepto que las motivó. Pero existe en ellas algo que nos llena de admiración aunque no sepamos bien el por qué. Se ha sobrevalorado la idea de concepto en el arte. Y ha excluido sin duda otras vertientes de la obra artística. Hay algo de vida artificial en la avalancha de argumentación que acompaña a la obra que hoy se exhibe. El cuerpo inerte del arte se presenta reavivado entre interminables descargas verbales.
Demasiadas palabras, palabras que tapan, que se amontonan para imponerse, para acallar. Palabras que se dicen, no para acercar, sino para marcar las distancias. Palabras elitistas, incluso inventadas, para dar forma a una ambición sofisticada, al poder de los cursis. Se puede creer aún en las palabras, pero cuando nos dejan ver más allá, no cuando quieren sustituir nuestra mirada.
Lo peor es que son palabras que suenan sin ni siquiera pretender desentonar, con un enorme grado narcotizante, y tan convincentes como apesadumbrantes. Palabras adecuadas, estudiadas  y muy precisas, apoyadas en innumerables citas que las hacen más categóricas, con la garantía que da disponer de una red para no dar pasos en falso, para asegurar la verdad del grupo. Este método no hace más original al que lo usa pero sí lo hace más fiable. La fiabilidad en el arte no estaba muy valorada, parecía poco creativa y un tanto cobarde. Podemos decir que es un hallazgo de nuestros tiempos.
Asistimos a un discurso encadenado, para iniciados. Hay que estar dentro si queremos seguir el guión. Los argumentos no han variado apenas desde hace un siglo. Pero resulta curioso ver como se vende la misma idea una y otra vez como si tuviera la máxima actualidad. En esta insistencia sobre razones a cerca de la muerte del arte, sobre el hecho mismo de su existencia, sobre su descontextualización… el arte ha inventado un juego cada vez más selectivo, para poder hablar permanentemente de sí mismo. Es como esos programas del corazón en los que los protagonistas acaban siendo los propios contertulios. El arte gira en torno a sí mismo como si esa fuera su única esencia de ser.
La crítica abandona su papel revelador y opta por una labor ofuscadora. Está más interesada en inventar el arte que en descubrirlo. No encuentra su verdadero papel y quiere asumir el del artista. El crítico y más aún el comisario actual, se presentan como protagonistas de la escena. ¿Un acto de soberbia quizás? ¿Una usurpación de personalidad ante una pérdida de identidad? Lo cierto es que esta situación no ha beneficiado ni al arte ni por supuesto a la crítica, perdida cada vez más en ambiciones personales.
Y lo más patético es ver al artista renunciando a su papel  transgresor para convertirse en el abogado de su propia causa. El artista actual llena, también, de palabras su obra. Todo tiene que estar justificado, no hay lugar para la emoción y aún menos para la rebeldía. Estaríamos salvados si al menos hubiera un lugar para la seducción. Pero sólo lo hay para el aburrimiento. El aburrimiento de querer formar parte de un ambiente donde se cuidan las “formas” cada vez más para no dejar de ser parte del clan. El arte se convierte así en una frase de pseudocultura gremial escrita en la pared, en panfletos que el público puede llevarse para leer no sabemos cuando, en la acumulación de objetos encontrados de todo tipo con su argumentación correspondiente, en infinitas vueltas de tuerca de los juegos conceptuales que hablan una y otra vez del círculo cerrado del arte…
Este arte impostor ya no es ni el vestido que crearon los listos para desnudar la soberbia de los tontos. En medio de la especulación de las palabras el arte ha perdido el contacto con la realidad. Y el público, despreciado por gran parte del sector, se siente cada vez más ajeno a este juego privado. Desaparece. Posiblemente empieza a sospechar que el arte está en otra parte.